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miércoles, 17 de abril de 2013

Delimitación del entorno de la iglesia y portería del monasterio de Santa Fe (BIC desde 1979)

Ayer se publicó en el BOA la siguiente: RESOLUCIÓN de 26 de marzo de 2013, de la Dirección General de Patrimonio Cultural, por la que se inicia el procedimiento y se abre un periodo de información pública para la delimitación de la iglesia y puerta principal del monasterio de Santa Fe de Huerva (Zaragoza), y de su entorno de protección. En el texto que recoge incluye una ineresante descripción de lo conservado:

"El interior del monasterio se encuentra actualmente, y ya desde mediados del siglo XIX, ocupado por viviendas y urbanizado en la zona próxima a la portada de acceso principal. Se localizan actualmente varios edifi cios de nueva planta conviviendo con otros que reutilizan estructuras posiblemente de finales del XIX o comienzos del XX. Todo esto ha confi gurado una auténtica trama urbana, siendo consideradas las vías interiores de comunicación como vial público. En la zona sur del antiguo recinto monacal aparecen parcelaciones de carácter ganadero o agrícola de grandes dimensiones, en las que se han realizado igualmente varias construcciones con fines agropecuarios o residenciales.

Lo que se ha conservado hasta el día de hoy del monasterio de Santa Fe pertenece a la reforma barroca del siglo XVIII, siendo básicamente la iglesia basilical, la portada y portería, gran parte del muro de delimitación con torres simuladas a intervalos regulares, varias celdas del claustro pequeño y un ala del claustro.


 
En relación al muro de delimitación del antiguo monasterio, que conserva una serie de torreones simulados, en sus tramos originales se encuentra realizado en un aparejo toledano que sigue exactamente la misma modulación que el aparejo utilizado en la iglesia barroca. El tramo sur posee una factura distinta, ya que se utiliza una obra de cal y mampuesto de caliza someramente careado. Todo el muro se encontraba originariamente enlucido, pero la calidad del mortero y la defi ciente aplicación del mismo han supuesto la pérdida casi íntegra de dicho enlucido, cuyos vestigios, no obstante, se conservan en algunos puntos. Este muro muestra actualmente numerosas correcciones y reparaciones, con la apertura de vanos entre el siglo XIX y la primera mitad del XX e incluso la adición de cubos simulados de nueva factura en este mismo momento.

La utilización del aparejo toledano en esta estructura así como el examen de los ladrillos y  del mortero de cal lleva a relacionarlo estrechamente con la misma fábrica de la iglesia, siendo su construcción de este modo coetánea a la erección del templo barroco.

De este modo, dada la cronología que venimos dibujando, y la misma morfología de esta estructura, se puede eliminar sin ninguna duda el uso defensivo de la misma. Se trata de un muro de delimitación del conjunto monacal, dotado de cubos de muralla por motivos únicamente estéticos y de prestigio.

El monasterio ha perdido de este modo cualquier imagen próxima o similar a lo que fue en su momento."



miércoles, 11 de abril de 2012

"El Monasterio de Santa Fe podría acabar en "ruinas"

"La Asociación en Defensa del Monasterio ha reivindicado al Ministerio de Cultura y al Gobierno de Aragón su restauración, en varias ocasiones, sin obtener respuesta.
El monasterio cisterciense de Santa Fe, situado junto a Cuarte de Huerva (Zaragoza), podría acabar reducido a un "montón de ruinas" debido al "preocupante" abandono y deterioro que sufre desde hace años, a pesar de ser Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1979.
Con una superficie amurallada de más de cuatro hectáreas, este monasterio, que mantiene la misma estética que los zaragozanos de Veruela o de Rueda, fue construido sobre otro anterior, del que no quedan restos visibles, en torno al año 1739, como indica la inscripción de la puerta principal.
A raíz de la desamortización de Mendizábal, fue adquirido por la familia Jordana de Pozas en el siglo XIX unos años después de que fuera parcialmente destruido por las tropas napoleónicas, que se asentaron en el monasterio durante la Guerra de la Independencia.
"Mataron a los monjes que quedaban, expoliaron los bienes, y destruyeron el techo de la iglesia, además de decapitar a todas las esculturas de la fachada", menos una que todavía mantiene la cabeza, ha indicado el secretario general de la Asociación de Vecinos de Santa Fe.
Sin techumbre, y en este estado de "deterioro", que ha ido empeorando durante los años, se encuentra la iglesia de planta basilical, con una gran cúpula y una torre ligeramente inclinada, en la que anida la única pareja de cigüeñas de la ribera del Huerva.
Su estructura guarda cierta similitud con la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, por lo que se cree que fue obra de un discípulo de Ventura Rodríguez, arquitecto del Pilar, aunque está información no está documentada.
La Asociación en Defensa del Monasterio, constituida por un grupo de vecinos para denunciar la conservación de esta obra, ha reivindicado al Ministerio de Cultura y al Gobierno de Aragón su restauración, en varias ocasiones, sin obtener respuesta.
"El problema de todo esto, es que el monasterio es propiedad privada, y por eso la Administración se desentiende. Pero si los propietarios no se pueden hacer cargo, el Gobierno de Aragón debería proceder subsidiariamente o expropiarlo", ha comentado la secretaria de la asociación, Elena Sanclemente.
Desde que fue declarado Bien de Interés Cultural, solamente se ha instalado a principios de los ochenta un armazón de hormigón en la cúpula para evitar que se cayera, pero no se continuó con la restauración de la misma, ha continuado.
También la capilla del monasterio, antigua sacristía, donde se celebraban misas los domingos, tuvo que cerrarse hace veinte años por riesgo de derrumbe.
Tanto los vecinos, como algunas de las 22 familias propietarias de una parte del patrimonio del interior del monasterio, incluidas unas tinajas de aceite utilizadas por los monjes cistercienses, reivindican su conservación.
"Queremos cualquier opción con tal de que lo consoliden, y se conserve. Un centro cívico, un centro cultural, cualquier cosa que garantice la supervivencia del monasterio y evite su ruina", ha afirmado.
Uno de los principales inconvenientes, además de la fuerte inversión económica que supondría la conservación, es el hecho de que la propiedad del monasterio esté dividida por partes.
De hecho, la iglesia pertenece a dos propietarios distintos, y para delimitar cada una de las zonas se levantó un muro en el interior.
En el año 2004, un grupo de hostelería se interesó por comprar el monasterio y convertirlo en una finca, donde celebrar bodas, pero el Gobierno de Aragón se "negó" en rotundo, de tal forma que "ni hacen nada por conservarlo, ni dejan hacer", ha resaltado el secretario de la asociación de vecinos, Carlos Gil.
"Lo primero que pedimos es que por lo menos consoliden la estructura para que no se estropeé más y se venga abajo", ha afirmado el vicepresidente de la Asociación de Vecinos de Santa Fe, Rubén Palenzuela.
En el año 2008, la asociación presentó a la dirección de Patrimonio del Gobierno de Aragón un dossier con información y fotografías del monasterio para ilustrar la situación, pero "todavía no hemos obtenido respuesta".
A estos años de reivindicaciones, se suma ahora la crisis económica, por lo que desde la asociación ven complicado que la Administración se haga cargo de este monumento artístico, algo que consideran "una auténtica pena". (EFE, 2012)

viernes, 23 de marzo de 2012

"Santa Fe clama contra el abandono y la ruina de su monasterio"

"Vecinos y amigos del monasterio de Santa Fe crean una asociación para reivindicar la recuperación del monasterio del barrio zaragozano. El cenobio, declarado Monumento histórico artístico nacional en 1979, se encuentra en un estado de preocupante abandono.

Rodeado de urbanizaciones de chalés y viviendas adosadas, y encajado a diez kilómetros al sur de la capital aragonesa entre las localidades de Cadrete y Cuarte, el monasterio de Santa Fe sufre en silencio la amenaza de la ruina total, el olvido y la desidia institucional. Casi tanto como los vecinos del barrio zaragozano quienes hasta hace bien poco carecían de algo tan básico como la red de alcantarillado y vertido.

Desde ayer, sin embargo, una asociación cultural se ha constituido para velar por los intereses del monasterio, declarado en 1979 monumento histórico-artístico de carácter nacional por la riqueza de su iglesia y puerta principal. Entre otros, la integran Elena Sanclemente, Emilia Burbano, Leonardo Blanco, Fernando Giménez y Juan Antonio Navarro. Dicen estar empeñados "en mover conciencias en la Administración y en fomentar el interés y la restauración del edificio, poco conocido y dejado de la mano de Dios", afirman.

Reivindicación eterna

Emilia Burbano es, probablemente, una de las personas que más sabe del menosprecio existente por este monumento. Lleva toda la vida reivindicando su recuperación, pero, hasta el momento, sin éxito. "Nadie nos hace caso y da pena ver el estado lamentable en el que se encuentra el edificio", afirma sin resignarse a que las cosas queden como están.
Ya en 1976, un informe de Fernando Chueca Goitia, académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, consideraba "urgentísimo poder actuar poco a poco en su consolidación, pues sería verdaderamente doloroso que este ejemplo tan monumental, de una arquitectura de la que no poseemos demasiados ejemplares, desaparezca ante la indiferencia y ante la incuria de los españoles. Su restauración debe emprenderse sin más dilación, pues cualquier fenómeno natural puede ser peligroso dado el estado de la construcción".

Un monumento soberbio

De la antigua abadía cisterciense fundada por Jaime I el Conquistador en el siglo XIII no queda nada, pero sí se conserva la iglesia fundada en 1774 que, según recoge el Diccionario de Pascual Madoz, "es uno de los monumentos más soberbios que pueden encontrarse en España del barroco clasicista de finales del siglo XVIII". Del monasterio actual, construido sobre el primitivo en 1341 probablemente por un aprendiz de Ventura Rodríguez -uno de los arquitectos de la capilla de la Virgen, en el Pilar-, los franceses dejaron la impronta de sus balas y cañonazos durante la Guerra de la Independencia. Desde entonces, el recinto y las murallas han padecido otras agresiones, en este caso, una enorme indiferencia ante el inexorable paso del tiempo. Solo en 1981, el Ministerio de Cultura destinó veinte millones de pesetas de entonces (unos 120.000 euros) a un proyecto dirigido por Ángel Peropadre para reforzar la estructura de la cúpula que corría peligro de derrumbe. La amenaza de desplome de la gran cúpula levantada sobre el crucero era más que evidente, así que se construyó un gran armazón de hormigón para sostenerla. Del resto del edificio de la iglesia poco queda. Su interior presenta un espacio organizado en tres naves, separadas por pilares con decoraciones corintias. Las bóvedas que las cubren se han venido abajo, teniendo el templo al cielo como único techo. Un cuarto de siglo después de la única reforma, la iglesia está en ruinas, sin tejados, llena de escombros, y habitada solo por materiales de obra y una legión de palomas y gatos callejeros.

Paradójicamente, en el Boletín Oficial de Aragón con fecha de 12 de junio de 2006 figura como Bien de interés monumental (BIC) "en fase de restauración"

Estado ruinoso

A causa del estado ruinoso del edificio, el monasterio, propiedad de dos particulares, se encuentra en la actualidad cerrado al público por razones de seguridad. "Si no se hubiera apuntalado la cúpula, posiblemente no hubiera resistido la iglesia, pero la restauración quedó ahí y no hemos tenido más noticias de la Administración", señala Patricio Hellín, uno de los dos propietarios del monasterio.

En los últimos años, Hellín ha recibido la visita de algunas empresas y particulares interesados por hacerse con la propiedad de su parte de la iglesia, "pero cuando llegan y ven el deterioro tan importante en el que se encuentra, se asustan y se echan para atrás porque reflotar el monasterio exige mucho dinero", cuenta el propietario que está dispuesto a escuchar ofertas para rehabilitar el cenobio, mientras cuida con esmero el entorno del monasterio.

Así lo confirma Emilia Burbano: "Ahora ya no se trata solo de frenar la ruina del recinto, sino de impulsar la restauración necesaria. La recuperación de este privilegiado espacio significaría un desarrollo importantísimo para Santa Fe. El barrio lo necesita porque desde siempre está abandonado. Aunque desde la asociación no nos corresponde determinar la utilidad del monasterio, éste bien podría, en el futuro, convertirse en un complejo hostelero. De esta forma, no solo se arreglaría el cenobio, sino que, además, esta joya arquitectónica permitiría despegar a un barrio muy necesitado de todo tipo de mejoras". (Óscar Nieto. Heraldo de Aragón, 2008)

domingo, 11 de marzo de 2012

"Hace falta mucha fe para creer lo que allí se ve"

"Hace falta mucha fe para creer lo que allí se ve.
Véase o léase: en el propio término municipal de Zaragoza, adscrito al distrito de Casablanca, a 10 km. de la Plaza de Aragón, puede verse un desastre increíble.
Del cisterciense Monasterio de Santa Fe fundado en 1341 no queda nada.
Quizá, con suerte, alguna canasta porque dice Madoz: “Los primitivos monges trabajaban espuertas, cestos y demás efectos de mimbre que recogían de la ribera del Huerva”.
Del monasterio de "Bernardos" construído en el siglo XVIII sobre el primitivo, los franceses en la Guerra de la Independencia con sus balas y, desde entonces, los aragoneses y las aragonesas con su indiferencia, no han dejado más que ruinas vergonzantes.
Una majestuosa iglesia “por el orden de una catedral”, cerrada a cal y canto para evitar algún accidente y una maltrecha muralla, con maltrechos cubos semiesféricos de trecho en trecho.
En la misma un estrecho y noble portalón con una cartela con fecha de 1797 por el que se accede al gran patio.
Ahora ocho familias viven en el interior de recinto amurallado que acaba de cumplir doscientos años, mire Vd. que ocasión para hacer algo.
Todo, incluso la gran iglesia, es de propiedad particular.
Hasta hace treinta años aún se celebraba misa en la capilla de la Sacristía.
Ahora sólo se celebra cada día el casi milagro de que no se caiga la “torre menuda” o se hunda la “torre gorda” como las llama la Sra. Rosa que vive enfrente.
La primera es una esbelta torre de tres cuerpos de ladrillo como todo el conjunto de la inmensa iglesia.
La segunda es la cúpula del crucero sobre tambor octogonal y tiene en los ochavos cuatro grandes esculturas de santos. Todos sin cabeza menos uno." (Miguel Caballú. Heraldo de Aragón. 1998)


domingo, 4 de marzo de 2012

"Ayer, Real Monasterio; hoy, almacén".Un artículo de 1970 todavía vigente (y III)

"Pereció a nuestras manos.

“Víctima de la indiferencia de la especulación perecerá este edificio a nuestras manos, después de sobrevivir al estrago de los franceses que inmolaron atrozmente a sus moradores...” (José María Cuadrado)

Todo el recinto se cierra de una regular muralla de conglomerado. No hace muchos días que tiraron un tramo de la parte derecha. Aparecieron platos y tazones de cerámica de Muel (probablemente de finales de siglo) algunos subterráneos donde se encontraron barriles y tumbas, y que la excavadora volvió a tapar.  Hemos visto alguna de estas vajillas. Las tienen en una casita que abre su puerta al exterior del recinto, en la tapia, a mano izquierda. Las tienen también en la casa de teléfonos. Colores y dibujos clásicos, los mismos que hoy se utilizan en el taller-escuela establecido en Muel. Se trata, según opinión autorizada, de muestras de la más discreta época de la cerámica  de Muel. Jesús Utrillas –al que se dedicó no hace mucho un reportaje en nuestro periódico, mejor bateador 1970 del programa “Misión rescate”-, el amigo Utrillas, como le llaman en TVE, con la que tanto ha colaborado en el citado programa, nos acompaña en nuestro recorrido. Está especialmente interesado en los subterráneos que se abren detrás de la escuela y que debían servir, según él, para llegar desde el monasterio al río cuando, en caso de dificultades fuera necesario proporcionarse agua.

Tras el portalón de ladrillo y figuras decapitadas, una gran explanada. La iglesia está dividida entre dos dueños. La parte correspondiente a la cúpula y altar pertenece actualmente a don Ángel Jordana de Pozas, que heredó de sus padres una parte de las fincas que tiene en este término, adquiriendo a sus hermanos el resto. La otra parte es de don Antonio Martín. Ambas están convertidas en almacén de alflafa, heno y aposento de carros. Estamos ante un hogar de leña quitándonos el frío de la mañana. Los colonos de Jordana de Pozas nos han invitado a entrar en su casita. Se habla ante el fuego. Antes hemos recorrido las estancias de la iglesia (mitad de los Jordana). El aspecto, a pesar de las ruinas, es grandioso por la propia magnificiencia de su arquitectura: nave central, de enorme dimensión, y naves laterales se adornan de una riquísima exuberancia de columnas corintias y frontones neoclásicos. Eso si, truncados, agrietados por el abandono, con todas las bóvedas caídas, el cielo por techo, sólo subsistentes las pechinas y los fajones de la primitiva cobertura del templo. Es un duro contraste ver utilizándose tan artísitica pieza como almacén de forrajes y aperos de labranza. Duro contraste, sí. La cúpula es grandiosa, de tambor muy elevado, con linterna. El colono –no recuerdo su nombre, lo siento- hace que nos fijemos en una paloma que cuelga en la linterna de la cúpula. De plata dicen que es. Se le han tirado hasta tiros por ver si caía, y nada...

La parte del templo que corresponde en propiedad a don Antonio Martín no hemos podido verla. La señora que la habita no quiere dejar paso libre a los curiosos. Aquello es una propiedad privada, una propiedad particular. De acuerdo, de acuerdo, señora, no hay que ponerse así. (Aunque discutible el asunto lo es mucho ¿Por qué ha de seguir manteniéndose en propiedad particular un edificio de tanta significación histórico artísitica? ¿Hasta qué punto hemos de sacralizar lo de la propiedad privada para consentir que se siga utilizando como almacén una joya arquitectónica? ¡Ay, con cuántas poderosas sinrazones nos alimentamos!)

Hay nueve familias habitando el lugar (llamado “coto de Santa Fe”) que forman en total 36 personas. Pertenece al término de Zaragoza, siendo el alcalde pedáneo de Casablanca al mismo tiempo de Santa Fe. Las fincas extramuros pertenecen al término de Cuarte o de Cadrete, pero algunos vecinos de Santa Fe tienen parte de estas tierras en propiedad. El “coto de Santa Fe” se rige parroquialmente por Cuarte.

El que fue real monasterio, cayéndose a pedazos, a pedazos de historia, a pedazos de arte, es un símbolo expresivo, terrible, acusador, del abandono con que miramos nuestro pasado. Tristemente es así." (Juan Domínguez Lasierra. Heraldo de Aragón)

sábado, 25 de febrero de 2012

Un ex-monasterio convertido en explotación ganadera

El ex-monasterio de Santa Fe fue dividido para su venta y tuvo varios dueños a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. La mayor parte de los terrenos intramuros y la mitad de los edificios, incluída media iglesia, pertenecían a comienzos del siglo XX a don Jorge Jordana Mompeón, empresario agropecuario y presidente de la Casa de Ganaderos de Zaragoza. En 1919 José García Mercadal visitó el ex-monasterio y así lo describía en el diario La correspondencia de España:

“He aquí que un apretujamiento de casas concierta nuestra atención. Sobre él yérguese el alerta de una torre de ladrillo, y junto a la torre la rechonchez de una cúpula coruscante bajo el beso del sol. Santa Fe. También aqui nos salen al paso recuerdos de otro tiempo mejor. Triste destino el de los pueblos que han sembrado su suelo de recuerdos que ya no son ni sombra de realidades. Aquí la fe hizo grandeza y poderio, en lo que hoy apenas sí son ruinas. Esperamos que mañana los hombres modernos hagan de lo que fue convento importante granja agrícola. En camino se está... “

Eran otros tiempos y otras mentalidades y tanto García Mercadal como Jordana veían ya los edificios de Santa Fe como meros continentes de una explotación ganadera. Sin embargo, el respeto por las arruinadas estructuras del monasterio cisterciense siempre estuvo presente en los Jordana que sólo las adaptaron en lugar de demolerlas, como hicieron otros propietarios.

Don Jorge Jordana Mompeón (1857-1931)

miércoles, 22 de febrero de 2012

Primera descripción del ex-monasterio de Santa Fe (1845)

Nunca podremos agradecerle lo suficiente a Pascual Madoz que a mediados del siglo XIX decidiera publicar su Diccionario Geográfico Estadístico. Su obra es pieza fundamental para cualquier estudio histórico y, tras ella, muchos historiadores callaron la existencia del monasterio de Santa Fe, su importancia histórica y su arte. Madoz hizo la pirmera descripción del ex-monasterio de Santa Fe y también denuncio su lamentable estado:

"Este monasterio de la orden cisterciense fue fundado en 1341 por Miguel Pérez Zapata (donde a fines del siglo XV ejercía su elocuente pluma en la crónica de los reyes de Aragón, el monge Gouberto Fabricio de Vagad) se halla situado en la ribera izquierda del río Huerva, a 1 legua al sur de Zaragoza, en una hermosa y fértil llanura. Su edificio es vastísimo, y dista como ¼ de legua de los pueblos de Cuarte y Cadrete, que caen hacia el Este. Las tierras anejas a este monasterio producen toda clase de frutos, y en el día lo habitan unas familias que dependen de la agricultura o cultivo de las mismas. La arquitectura de la nueva iglesia, es de órden corintio, construida con riqueza y muy buen gusto. Lástima causa que un edificio de esta naturaleza se halle en un estado de casi total abandono.

Los primitivos monges trabajaban espuertas, cestos y demás efectos de mimbre, que recogían en la ribera del Huerva, hasta que paulatinamente fueron cultivando tierras en las llanuras de los pueblos de Cadrete y Cuarte, donde había unos antiguos castillos y algunas paredes de edificios destruidos, que fueron el primer fundamento de estos dos pueblos; trasladándose desde aquel sitio al que ocupaban ultimamente en el año de 1835, cuando fueron suprimidas las comunidades, donde construyeron una iglesia baja, cuyas paredes aun subsisten, hasta que en el de 1774 poco más o menos, edificaron la iglesia nueva, por el orden de una catedral, con sillas altas y bajas de nogal del mayor primor en el coro, asi como igualmente las puertas de la sacristía.

Los pueblos de Cuarte y Cadrete fueron separados por los monges cuando se establecieron en el término llamado de las Almunias, donde existe este monasterio, dando a los vecinos las tierras y casas con la obligación de pagar cada uno un quiñón en trigo por cada cahiz de tierra, y por las casas de 40 a 60 reales anuales. Dichos monges tenían el privilegio de nombrar los alcaldes y ayuntamientos de los mencionados pueblos hasta el año 1808, como señores de aquel territorio; teniendo también dos coches para el abad cillero con tres pares de mulas para el tiro de los mismos y otro par de mulas de paso y con silla para bajar y subir a Zaragoza y otros puntos que les convenía.

Rechazados los franceses de Zaragoza en 1808, se retiró la caballería al monasterio de que se habla, en el que entraron y mataron al abad, al cillerero y a dos o tres monges más, saqueándoles todo lo que tenían, no obstante de haber salido el abad a la portería con las llaves del edificio y una porcion de dinero. En 1814 volvieron los monges a tomar posesión del monasterio y se reintegraron de las fincas secuestradas por los franceses, hasta que en el año de 1820 fueron vendidas en su mayor parte, como bienes nacionales, de que fueron despojados sus compradores en 1823, y restituidos a su posesión en 1835, en virtud de la supresión general de las órdenes monacales y religiosas."


Puerta de la sacristía de la iglesia del
monasterio de Santa Fe.


martes, 21 de febrero de 2012

Una reivindicación con más de 150 años

La reivindicación de que el ex-monasterio de Santa María de Santa Fe sea recuperado para el disfrute de todas las personas no viene de hace unos años. Se remonta prácticamente a la época en que fue dividido y vendido en subasta pública. José María Cuadrado en su colección de "Recuerdos y bellezas de España", publicado en 1844, presagiaba un futuro oscuro para Santa Fe:

“Y cual si un tiempo viniera estrecho para los edificios religiosos el recinto de la piadosa ciudad del Pilar, ciñen por afuera sus tapias una porción de conventos ni más recordables ni más venturosos en su actual estado que los del interior, y a lo largo de los ríos que cruzan su dilatadísima llanura se asientan todavía vastos monasterios o devotas ermitas. Sobre la orilla izquierda del Huerva a dos leguas de Zaragoza descuella Santa Fe, mansión de cistercienses fundada por Miguel Pérez Zapata en 1341, donde el monge Gauberto Fabricio de Vagad a fines del siglo XV ejercía su divagante si bien a veces elocuente pluma en la crónica de los reyes de Aragón, soltando la rienda a más altivos sentimientos de los que su estado y época prometían. Víctima de la indiferencia de la especulación perecerá este edificio a nuestras manos, después de sobrevivir al estrago de los franceses que inmolaron atrozmente a sus moradores en 1808.”



Grupo escultórico del arco de entrada y portería del Real monasterio cisterciense de
 Santa María de Santa Fe